Un dron ruso ha abierto una de las mayores obras de ingeniería. El problema: era el sarcófago del reactor 4 de Chernóbil

La perforación plantea un gran dilema técnico y financiero a la comunidad internacional: una nueva obra titánica o arriesgarse a una futura catástrofe 

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El 26 de abril de 1986 era sábado. El día será recordado siempre por lo ocurrido en una central nuclear ubicada en el norte de Ucrania (entonces perteneciente a la Unión Soviética). La explosión del reactor 4 en Chernóbil produjo el peor accidente nuclear de la historia, y los soviéticos construyeron a toda prisa un sarcófago para tratar de frenar el impacto. Posteriormente se levantó un escudo impenetrable para contener la radiación, pero nadie pensó que la guerra iba a pasar por allí.

Un dron imprevisto. Ocurrió hace poco más de un mes. El 14 de febrero, un dron explosivo Shahed 136, de fabricación iraní y lanzado por Rusia, perforó la estructura de confinamiento del reactor 4 de Chernóbil, considerada una de las mayores proezas de la ingeniería moderna y diseñada para contener la radiación del peor desastre nuclear de la historia.

Este domo de acero, conocido como la New Safe Confinement, fue instalado en 2016 con un coste de 1.700 millones de dólares y la participación de más de 45 países. La obra fue concebida para resistir desastres naturales, pero no acciones bélicas. El dron, cuyo coste estimado ronda los 20.000 dólares, provocó un incendio interno que se prolongó durante casi tres semanas, afectando gravemente la parte norte de la estructura, y dejando daños también en el sur, según confirmaron las autoridades ucranianas y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Consecuencias inmediatas. Al parecer, aunque el incendio inicial se extinguió rápidamente, una membrana impermeable dentro del aislamiento ardió y se mantuvo humeando durante días. Para combatir el fuego, los equipos de emergencia, equipados como alpinistas, debieron abrir agujeros en la capa exterior del domo e introducir agua a presión, algo, a priori, “vetado”, ya que contraviene el principio de mantener el interior seco para evitar corrosión.

¿El problema? La intervención elevó significativamente los niveles de humedad dentro del recinto, lo que ahora representa un grave riesgo para la estabilidad de la estructura y su capacidad de aislamiento. Para el 7 de marzo, Ucrania declaró el fuego oficialmente extinguido, pero los daños ya eran extensos, comprometiendo seriamente la funcionalidad original del domo.

Aunque las mediciones externas indican niveles normales de radiación, la integridad del sistema está en entredicho, lo que obliga a reconsiderar el plan de desmantelamiento del reactor y el tratamiento de los residuos radiactivos, previsto para comenzar en los próximos cinco años.

Implicaciones para la seguridad nuclear. El New York Times contaba que expertos como Shaun Burnie y Jan Vande Putte, de Greenpeace, han explicado que el impacto del ataque no solo fue físico, sino también simbólico: demostró la vulnerabilidad de una estructura construida para durar un siglo y proteger a Europa y al mundo del contenido radiactivo del reactor. Ambos especialistas, junto con autoridades ucranianas como Artem Siryi, sostienen que la estructura ya no cumple su función de confinamiento y podría requerir ser completamente desmantelada y reemplazada, una operación de costes millonarios y dificultad técnica extrema.

La alternativa inmediata (según sugiere Eric Schmieman, uno de los ingenieros principales del proyecto original) podría consistir en medidas provisionales para reducir la humedad y evitar la corrosión. Aquí entran posibilidades como sellos temporales y la reactivación del sistema de ventilación. No obstante, reparar o reconstruir la estructura en su ubicación actual es casi imposible debido a los altos niveles de radiación. Plus: moverla también presenta riesgos severos, especialmente por el estado deteriorado del sarcófago soviético original aún contenido en su interior.

D Características del New Safe Confinement perforado

Contexto histórico. Lo decíamos al inicio y hemos hablado en varias ocasiones de la tragedia. El escudo dañado representa el resultado de décadas de esfuerzos para contener una catástrofe que en 1986 provocó la evacuación de una zona de exclusión de 2.600 km², dejó un saldo oficial de 31 muertos inmediatos y contribuyó a un aumento sostenido de cánceres, particularmente de tiroides.

El sarcófago original, construido de emergencia por la Unión Soviética, estaba colapsando lentamente, y su reemplazo tardó años en planificarse y ejecutarse. La estructura actual se construyó a una distancia de medio kilómetro para minimizar la exposición y luego deslizada sobre el reactor. Al parecer, está compuesta por dos capas de acero y sistemas de control de humedad para prevenir la oxidación y el colapso. Su función es clara: contener el polvo radiactivo y permitir el desmantelamiento controlado del reactor mediante grúas instaladas en su interior. Ahora, todo este proceso queda en suspenso indefinidamente.

Drones, guerra y vulnerabilidad. El ataque, realizado en el marco de la invasión de Rusia en Ucrania, marca un nuevo hito en la vulnerabilidad de infraestructuras críticas ante armas baratas y difíciles de interceptar como los drones. Pensemos que hasta ahora ambas partes han evitado golpear directamente plantas nucleares activas, y que el uso creciente de drones para ataques estratégicos sobre instalaciones energéticas ha generado alarma global.

A este respecto, Trump incluso sugirió, como parte de las negociaciones para un cese al fuego, que Estados Unidos asuma el control de las instalaciones eléctricas y nucleares ucranianas para evitar este tipo de amenazas. Según Siryi, responsable de la operación del domo, muchos drones sobrevuelan Chernóbil casi todas las noches, la mayoría en dirección a Kyiv, lo que refuerza la necesidad de replantear la protección de sitios nucleares ante un nuevo tipo de amenaza aérea constante, silenciosa y accesible.

Futuro. Es lo más difícil de prever. Explicaban en el Times que la restauración total de la estructura dañada se perfila como una empresa casi imposible. Los expertos sugieren comenzar con soluciones urgentes de mitigación mientras se evalúa la factibilidad de una reconstrucción.

Irónicamente, los drones, el mismo tipo de tecnología que perforó el domo, podrían ahora convertirse en aliados: pequeños dispositivos desarrollados por Ucrania podrían utilizarse para evaluar daños internos y asistir en reparaciones remotas, minimizando la exposición humana a la radiación.

Con todo, el coste, la escala del daño y los riesgos implicados plantean un dilema técnico y financiero a la comunidad internacional. La duda ahora será decidir si emprender una nueva obra titánica o arriesgarse una futura catástrofe por una protección insuficiente.

Imagen | Timeless, State Emergency Service of Ukraine, Berria

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