Correr una maratón implica un considerable esfuerzo que puede llevar a nuestro cuerpo a sus límites. Por supuesto, nuestro cerebro no es ninguna excepción en este sentido.
Efectos en las neuronas. Un nuevo estudio ha mostrado cómo las maratones afectan a la estructura de las neuronas. En concreto, el equipo responsable del estudio halló que este tipo de carreras reduce la mielina, una capa capa que recubre estas células cerebrales.
Esta sustancia está compuesta de proteínas y sustancias grasas. La mielina rodea los axones, partes alargadas de una neurona que la conectan con otras neuronas y a través de los cuales se transmiten los impulsos nerviosos. Es por ello que su deterioro puede hacer que los impulsos nerviosos se vuelvan más lentos, algo que vemos en las personas con esclerosis múltiple.
Alto consumo. El consumo energético del cerebro es muy elevado si tomamos como referencia su masa, explica el equipo responsable del nuevo estudio: este órgano consume el 20% de la energía de nuestro cuerpo pese a representar aproximadamente el 2% de su peso. El equipo quiso averiguar qué ocurría con un órgano tan ávido de consumir energía en situaciones extremas como una maratón.
En reserva. Y es que este tipo de contextos fuerzan a nuestro cuerpo a tomar medidas drásticas para su subsistencia. El ejercicio prolongado, por ejemplo puede hacer que nuestro cuerpo agote sus reservas de carbohidratos, la fuente primaria de energía del cuerpo. La siguiente reserva energética está en la grasa que almacenamos. Ya en casos extremos, nuestro cuerpo puede llegar a disolver proteínas musculares para obtener esta energía, explica el equipo.
Según observó el equipo, en el cerebro esto se traduce en el consumo de la mielina que recubre las neuronas. Esta reducción se producía en una parte importante de la materia gris y blanca del cerebro y que, si bien algunas regiones se veían más afectadas que otras, el impacto sí se extendía de forma similar en los dos hemisferios cerebrales.
“Los resultados de nuestro estudio indican que las células nerviosas en condiciones de hipoglucemia (poca glucosa) echan mano de fuentes de energía alternativa, como es la mielina, una estructura grasa que envuelve los axones o fibras nerviosas que comunican las neuronas y facilita la propagación ultra rápida de las señales eléctricas”, explica en una nota de prensa Carlos Matute, coautor del estudio.
Resonancias magnéticas. Para realizar el estudio, el equipo realizó diversas resonancias magnéticas a una decena de corredores de maratón. Repitieron estas resonancias en varias ocasiones: el día antes y el día después de la carrera, dos semanas y dos meses después.
Los detalles del estudio han sido publicados recientemente en un artículo en la revista Nature Metabolism.
Un cambio reversible. La buena noticia es que este cambio es reversible. El propio estudio mostró cómo a los dos meses, la mielina de las neuronas de los corredores volvía a recuperar sus niveles habituales.
Impacto incierto. El estudio halló un deterioro de la mielina pero por ahora desconocemos cómo o en qué grado este deterioro se traducía en efectos sobre las funciones cognitivas del cerebro. Sabemos que la ausencia de mielina está vinculada con trastornos neurológicos graves como la esclerosis.
Imagen | Mārtiņš Zemlickis / IMGMIDI
Ver 10 comentarios